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Neuronas artificiales: señales idénticas a las biológicas

Ingenieros de la Universidad Northwestern lograron un avance al imprimir neuronas artificiales a partir de nanomateriales. Sus señales eléctricas son idénticas en forma y sincronización a las biológicas, lo que les permite activar directamente el tejido cerebral vivo de ratones. Esta tecnología podría revolucionar las neuroprótesis y la computación neuromórfica energéticamente eficiente.

Neuronas artificiales hablaron al cerebro vivo: avance del año
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Neuronas artificiales creadas con señales idénticas a las biológicas

Ingenieros de la Universidad Northwestern han impreso, por primera vez, neuronas artificiales basadas en nanomateriales que generan señales eléctricas indistinguibles de las reales en forma y sincronización. En un experimento, el tejido cerebral vivo de ratón percibió estas señales como propias, lo que marca un avance para las interfaces cerebro-computadora y las neuroprótesis.


Las neuronas artificiales han hablado con un cerebro vivo: por qué el avance de la Universidad Northwestern divide la historia de la neurotecnología en 'antes' y 'después'

El 15 de abril de 2026, la revista Nature Nanotechnology publicó un artículo que se esperaba desde hacía una década. El profesor Mark Hersam y su equipo de la Universidad Northwestern crearon neuronas artificiales impresas que no solo imitan la actividad eléctrica del cerebro, sino que activan directamente neuronas vivas en tejido cerebeloso de ratón. He seguido este campo desde 2016 y puedo decir: esto es un salto cualitativo que cambia las reglas del juego no solo para las neuroprótesis, sino para toda la industria informática.

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La esencia: qué está sucediendo realmente

Hasta ahora, existía una brecha fundamental entre el mundo de la electrónica y el mundo de las neuronas biológicas. Los dispositivos electrónicos generaban señales que el cerebro percibía como interferencias externas toscas, no como comunicación natural. Hersam lo expresó claramente: 'Otros laboratorios han intentado crear neuronas artificiales con materiales orgánicos, y disparaban demasiado lento. O usaban óxidos metálicos, demasiado rápido.'

El equipo de Northwestern encontró el punto óptimo. Sus dispositivos operan en el mismo rango temporal que las neuronas biológicas: la forma y duración de los picos coinciden con los naturales. Pero eso no es lo principal. Lo principal es que 'hablaron' con tejido vivo. Cuando las neuronas impresas enviaron señales a rodajas de cerebelo de ratón, las neuronas vivas respondieron. Esto fue confirmado por la profesora de Neurobiología Indira Raman, quien proporcionó la parte biológica del experimento.

La base tecnológica es la siguiente: tinta hecha de nanoescamas de disulfuro de molibdeno y grafeno se deposita sobre un sustrato polimérico flexible mediante impresión por chorro de aerosol. La innovación clave es la descomposición parcial del polímero estabilizante. Anteriormente, los ingenieros lo eliminaban por completo después de la fabricación, considerándolo un contaminante. Hersam convirtió este 'defecto' en un mecanismo: el polímero se descompone de manera desigual al pasar corriente, formando un filamento conductor que restringe la corriente a un canal estrecho. El canal conmuta espontáneamente, generando picos de voltaje agudos idénticos a los potenciales de acción.

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Gracias a esto, una sola neurona impresa reproduce una amplia gama de señales: picos individuales, disparo continuo, actividad en ráfagas. Esto no requiere millones de transistores, solo dos dispositivos y algunos componentes básicos.

Cronología y contexto

La historia no comenzó en abril de 2026. Hersam, profesor Walter P. Murphy de Ciencia de Materiales, presidente del Departamento de Ciencia e Ingeniería de Materiales en la Escuela de Ingeniería McCormick y director del Centro de Ciencia e Ingeniería de Materiales, había estado trabajando en esto durante una década. Su coautor es Vinod Sangwan, profesor asociado de investigación. La experiencia neurobiológica provino de Raman, profesora Bill and Gayle Cook de Neurobiología.

Una preimpresión apareció a finales de 2025. Para febrero-marzo de 2026, la comunidad científica discutía activamente los resultados en conferencias. La publicación oficial ocurrió el 15 de abril de 2026.

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En paralelo, se desarrolló un contexto que hizo explosivo este trabajo. En marzo de 2026, grandes empresas de IA anunciaron planes para construir centros de datos a escala de gigavatios con sus propias plantas de energía nuclear. Hersam abordó directamente esta realidad: 'Es difícil imaginar un centro de datos de próxima generación que requiera 100 reactores nucleares. Además, los gigavatios significan gigavatios de calor. Enfriar los centros de datos crea una enorme presión sobre los recursos hídricos.'

En ese momento, el problema de la eficiencia energética en la informática dejó de ser académico y se volvió económico. El cerebro realiza cálculos cinco órdenes de magnitud más eficientemente en términos energéticos que cualquier computadora digital. Las neuronas artificiales que replican esta eficiencia se convierten no solo en una curiosidad científica, sino en una solución potencial a un problema de 500 mil millones de dólares: ese es el presupuesto energético global proyectado para los centros de datos en 2030.

Quién gana y quién pierde

Ganadores:

La Universidad Northwestern y Hersam personalmente obtienen prioridad en un campo que definirá la neurotecnología durante décadas. Ya se han presentado solicitudes de patente y los inversores institucionales comienzan a mirar las empresas derivadas.

La industria de las neuroprótesis obtiene una plataforma que resuelve su problema fundamental: los implantes existentes (para restaurar audición, visión, funciones motoras) se comunican con el cerebro en un idioma 'extranjero'. Las neuronas impresas de Northwestern hablan el mismo idioma. Esto significa menos rechazo, mayor resolución y la posibilidad de restaurar funciones actualmente no disponibles. El mercado de neuroprótesis se valoró en 7.2 mil millones de dólares en 2025; su crecimiento se acelerará.

Las empresas que invierten en computación neuromórfica (Intel con Loihi, IBM con TrueNorth) obtienen un nuevo vector tecnológico. Sus chips actuales se basan en transistores de silicio que imitan picos en software. Las neuronas impresas de Hersam ofrecen una alternativa de hardware que podría reducir el consumo de energía en órdenes de magnitud.

Perdedores:

Los fabricantes tradicionales de procesadores de IA (NVIDIA, AMD, Google con TPU). Sus arquitecturas son fundamentalmente ineficientes en comparación con el cerebro, y el avance de Hersam resalta esta ineficiencia. A corto plazo, no hay amenaza: los chips neuromórficos comerciales están a años de distancia. Pero la dirección está marcada y los inversores comienzan a reevaluar las apuestas a largo plazo.

Los fabricantes de neuroimplantes convencionales: si no adaptan la tecnología de Northwestern, sus dispositivos con esquemas de señalización primitivos quedarán obsoletos en un plazo de 7 a 10 años.

Lo que los medios no están diciendo

Perspectiva uno: la magia del polímero es un avance empírico, no teórico.

La mayoría de los medios parafrasearon el comunicado de prensa de Northwestern, pero pasaron por alto la esencia del descubrimiento desde la perspectiva de la física de materiales. Hersam utilizó un proceso que los ingenieros habían considerado un defecto durante décadas (la eliminación incompleta del polímero estabilizante de las tintas conductoras) y lo convirtió en un mecanismo controlado para la generación de picos. Esto no es el resultado de una predicción teórica; es un hallazgo experimental que la mayoría de los laboratorios simplemente pasaron por alto porque quemaban completamente el polímero. La lección aquí es simple: en la nanoelectrónica, un 'defecto' puede ser la clave de la funcionalidad si no miras lo que 'interfiere', sino lo que sucede en condiciones de no equilibrio.

Perspectiva dos: las neuronas artificiales aún no son inteligencia artificial, pero ya son tejido neural artificial.

Los medios a menudo confunden dos temas: la computación energéticamente eficiente para IA y la comunicación directa con el cerebro biológico. Son mercados diferentes. Para la IA, las neuronas impresas son un 'hardware' potencialmente revolucionario que podría realizar tareas con un consumo de energía comparable al del cerebro. Para las neuroprótesis, son una clase fundamentalmente nueva de interfaces cerebro-computadora que no solo leen señales, sino que se integran en las redes neuronales en su propio idioma. Ambas direcciones se desarrollarán en paralelo, pero la comercialización en neuroprótesis llegará antes: la FDA es más favorable a los dispositivos médicos que a las nuevas arquitecturas informáticas.

Perspectiva tres: el problema de la estabilidad a largo plazo.

El profesor de Bioelectrónica de la Universidad de Burdeos, Timothy Levi, que no participó en el estudio, señaló un matiz crucial que apenas apareció en los titulares: 'Podemos controlarlos durante períodos cortos, pero aún no podemos controlarlos durante mucho tiempo.' Las neuronas artificiales aún no están listas para la implantación permanente en el cerebro humano. Su estabilidad a largo plazo, biocompatibilidad con el sistema inmunológico, riesgos de inflamación: todo permanece inexplorado. El camino hacia la aplicación clínica llevará al menos 10-15 años, y pueden surgir obstáculos imprevistos en el camino.

Perspectiva cuatro: las neuronas artificiales no son suficientes.

El propio Hersam señaló el 'problema de frontera': 'Tenemos una serie de dispositivos que imitan diferentes elementos del cerebro, pero necesitamos integrarlos en circuitos que logren una funcionalidad completa.' Las sinapsis artificiales (conexiones entre neuronas) aún no se han creado en una forma comparable. Sin ellas, es imposible construir una red neuromórfica completa. Es como tener palabras pero no conocer la gramática del idioma. El próximo gran desafío es integrar las neuronas impresas en redes funcionales a través de sinapsis artificiales.

Pronóstico: próximos 30 días y 90 días

30 días (para mediados de junio de 2026):

Los primeros laboratorios independientes reproducirán el método de Northwestern. La pregunta principal es qué tan estable es la descomposición parcial del polímero bajo diferentes condiciones y con diferentes tintas. Si se confirma la reproducibilidad, esto se convertirá en la sensación número uno en la comunidad de ciencia de materiales.

Las revistas científicas comenzarán a publicar comentarios y editoriales. Nature Electronics probablemente publicará una revisión de las perspectivas de la tecnología para la computación neuromórfica. Science puede publicar un foro de políticas sobre aspectos éticos de las interfaces electrónicas directas con el tejido neural.

Las agencias de subvenciones NSF y DARPA responderán aumentando la financiación para programas de computación neuromórfica. Espero un anuncio de 20-30 millones de dólares asignados para reproducir y desarrollar la tecnología en 3-5 centros.

90 días (para mediados de agosto de 2026):

Primeras negociaciones comerciales entre Northwestern y grandes empresas tecnológicas. Intel, IBM, posiblemente Neuralink: todas buscarán licenciar la tecnología o firmar acuerdos de investigación conjunta. Los valores potenciales de los acuerdos oscilan entre 50 y 100 millones de dólares, según el alcance de los derechos.

En el ámbito académico, comenzará la integración de las neuronas impresas con otros elementos. Experimentos con cultivos neurales vivos, donde las neuronas artificiales actúan como marcapasos para redes dañadas. Si estos experimentos muestran la posibilidad de restaurar la sincronización en ritmos patológicos (por ejemplo, en la epilepsia), esto será un gran paso hacia la aplicación clínica.

DARPA probablemente anunciará un programa para la comercialización rápida de neuronas impresas para neuroprótesis militares: restaurar funciones en veteranos con lesiones cerebrales traumáticas.

Pronóstico estructural para 3-5 años:

La tecnología de Hersam dividirá el desarrollo de la neuroelectrónica en dos ramas: los implantes de silicio tradicionales, que continuarán utilizándose a corto plazo, y una nueva generación de dispositivos impresos flexibles que penetrarán en el mercado a medida que se resuelva el problema de la estabilidad a largo plazo.

El mercado de la computación neuromórfica podría alcanzar los 15 mil millones de dólares en 2030 si las neuronas impresas se convierten en la base para la producción escalable de chips energéticamente eficientes. Pero existe el riesgo de que la tecnología siga siendo un logro de laboratorio durante otra década: todo depende de resolver el problema de integración en redes funcionales.

Para un paciente con sordera, ceguera o parálisis en 2036, este trabajo de 2026 significará lo que significó la invención del transistor en Bell Labs para un propietario de teléfono inteligente. Y para la industria de la IA, que jadea por los costos energéticos, las neuronas impresas no son una alternativa, sino el único camino hacia una escalabilidad sostenible. La pregunta no es si ocurrirá la transición a la computación neuromórfica, sino cuántos reactores nucleares habremos construido antes de que ocurra.

— Editorial Team

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