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AIE: El sistema energético global al borde del colapso debido al Golfo Pérsico

El jefe de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, declaró que la crisis energética actual ha superado los shocks de 1973 y 1979 debido a la pérdida de 13-15 millones de barriles de petróleo por día y daños en 84 instalaciones energéticas. La AIE advirtió sobre hiperinflación global, la necesidad de racionamiento de combustible y las consecuencias más graves para los países en desarrollo que enfrentan una trampa de deuda.

Fin de una era: la AIE admite que el viejo mundo no volverá
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La cadena de suministro energético global al borde del colapso por la situación en el Golfo Pérsico

El director de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) afirmó que el sistema energético mundial está al borde del colapso debido al conflicto militar. La agencia advierte que un bloqueo del estrecho asestaría un golpe devastador al PIB mundial, desencadenaría una hiperinflación y podría obligar a muchos países a racionar los recursos energéticos.


Artículo analítico: "Colapso en el horizonte" — Por qué la AIE declaró por primera vez la mayor crisis energética de la historia

Las declaraciones de los jefes de organizaciones internacionales rara vez son hiperbólicas: el lenguaje diplomático implica moderación y un vocabulario equilibrado. Por lo tanto, cuando el director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, anunció a mediados de abril de 2026 que el mundo enfrentaba "la mayor crisis de la historia", superando las crisis petroleras de 1973 y 1979 juntas, no fue solo una noticia, sino una señal de evacuación de emergencia para toda la economía global.

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Según las estimaciones de la AIE, el bloqueo del estrecho de Ormuz y los ataques militares contra la infraestructura energética en el Golfo Pérsico ya han dejado fuera de servicio entre 13 y 15 millones de barriles de petróleo al día, aproximadamente el 13-15% de la producción mundial. 84 grandes instalaciones energéticas han resultado dañadas, más de un tercio de ellas de gravedad. La agencia advierte: el mundo está al borde del colapso de la cadena de suministro, la hiperinflación y el racionamiento energético a una escala no vista desde la Segunda Guerra Mundial.

Detalles del evento y cronología

La magnitud del desastre se desarrolló gradualmente, pero cada nuevo informe de la AIE era más sombrío que el anterior.

Marzo de 2026: Birol habla en el National Press Club de Canberra y establece por primera vez un paralelismo histórico. "Muchos recuerdan las dos crisis petroleras consecutivas de los años 70", dice. "En cada una, el mundo perdió unos cinco millones de barriles diarios. Juntas, diez millones. Hoy hemos perdido 11 millones de barriles diarios, más que las dos mayores crisis juntas". Esta declaración aún no tiene una amplia repercusión, pero los expertos comienzan a recalcular las reservas.

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Abril de 2026 — Entrevista en France Inter: Birol sube la apuesta. "Esta es verdaderamente la mayor crisis de la historia", declara, ahora sin reservas. Revela detalles que habían permanecido clasificados: 84 instalaciones energéticas han resultado dañadas en el conflicto. Estas incluyen terminales petroleras, campos de gas, refinerías y centros de exportación en Catar, Arabia Saudita, Omán, Kuwait, Baréin, los Emiratos Árabes Unidos e Irak. Incluso si el bloqueo del estrecho se levantara mañana, restaurar la producción a los niveles anteriores a la guerra llevará más de dos años.

Mediados de abril — Entrevista en Corriere della Sera: La tercera advertencia es la más detallada. Birol explica por qué esta crisis difiere de todas las anteriores. "Ahora hay una intensa competencia en Europa y Asia por los suministros de combustible para aviones procedentes de Nigeria y Estados Unidos", dice. "Los retrasos en la restauración del transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz complicarán la producción y el suministro de productos derivados del petróleo". Por primera vez, habla abiertamente de las consecuencias políticas: los países en desarrollo podrían caer en una "trampa de deuda" como en los años 70, lo que provocaría cambios de gobierno y malestar social.

Junto con las declaraciones de Birol, se desarrolla el aspecto práctico de la crisis. En marzo, la AIE coordinó una liberación récord de 400 millones de barriles de petróleo de las reservas estratégicas de 32 países miembros. Estados Unidos contribuyó con 172 millones de barriles. Este volumen —4,4 millones de barriles diarios durante 90 días— solo compensa parcialmente los 13-15 millones perdidos. No es una solución, sino un retraso.

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Impacto y trascendencia

Impacto económico mundial: Según los cálculos de Oxford Economics, el déficit actual de 10 millones de barriles diarios ya ha provocado una caída del PIB mundial. En un escenario de guerra prolongada, el déficit se ampliaría a 13 millones de barriles diarios en el sexto mes del conflicto, lo que representa un déficit sin precedentes del 12% en el consumo mundial. Esto desencadenaría una recesión global y ralentizaría el crecimiento del PIB mundial hasta el 1,4% en 2026.

Inflación y escasez de productos básicos: Birol advirtió que los precios persistentemente altos del petróleo desencadenarían inflación en una amplia gama de productos, desde fertilizantes y azufre hasta helio y diésel. No son solo números abstractos. Los fertilizantes se encarecen, lo que significa que los alimentos se encarecen. El diésel se encarece, lo que significa que el transporte de todo, desde alimentos hasta ropa y materiales de construcción, se encarece. En Rusia, según estimaciones de expertos, el bloqueo de Ormuz podría provocar un aumento del 70% en los precios de los bienes industriales y un 20% en los alimentos.

Países en desarrollo: las principales víctimas: Birol enfatizó particularmente que los países en desarrollo de Asia, África y América Latina sufrirían las mayores pérdidas. No tienen reservas estratégicas, ni red de seguridad financiera, ni capacidad para cambiar a proveedores alternativos. Algunos ya están al borde del impago, y la crisis energética podría ser la gota que colma el vaso.

Reacciones de los actores clave

Los gobiernos de todo el mundo pasan de las palabras a la acción, y estas acciones se asemejan cada vez más a una economía de guerra.

Suecia se convirtió en el primer país europeo en declarar abiertamente su disposición a introducir el racionamiento de combustible. El primer ministro Ulf Kristersson declaró que las autoridades aún no planean hacerlo, pero están preparadas para tal eventualidad. "Si es necesario, la decisión se anunciará con antelación". Estas palabras son la primera señal pública de que los cupones de gasolina podrían regresar a Europa.

La Unión Europea se prepara para una "crisis a largo plazo". El comisario de Energía, Dan Jørgensen, declaró al Financial Times: "La retórica que utilizamos y las palabras que empleamos ahora son más serias que durante la crisis anterior". El bloque está desarrollando planes para "escenarios de caso peor", incluido el racionamiento de combustible para aviones y diésel, y posibles nuevas liberaciones de reservas estratégicas.

Asia ya está en modo de austeridad. Filipinas ha reducido la semana laboral a cuatro días y declaró el "estado de emergencia". Corea del Sur ha restringido el uso de automóviles para los empleados públicos. Indonesia ha impuesto un límite de compra de combustible para automóviles privados: no más de 50 litros al día. Malasia ha trasladado a los empleados públicos al teletrabajo hasta tres días a la semana.

Bangladés ha reducido las horas de trabajo, ordenó que los centros comerciales cierren más temprano y redujo los gastos de combustible y electricidad en las instituciones gubernamentales en un 30%. Egipto ha limitado el alumbrado público y ordenó que los bares y restaurantes cierren a las 9:00 p. m.

Eslovenia ha ido más lejos que ningún otro país en Europa: un límite de 50 litros de combustible al día para particulares y 200 litros para empresas.

Pronóstico y conclusiones

El director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, dejó claro: incluso si el estrecho de Ormuz se abriera mañana, el mundo no volvería a la vida normal. Las 84 instalaciones energéticas dañadas —más de un tercio de gravedad— requerirán "un tiempo considerable" para su reparación. La producción en Catar, Arabia Saudita, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Omán e Irak no volverá a los niveles anteriores en el futuro previsible.

Escenario A (60% de probabilidad): "Estabilización prolongada". El estrecho se abrirá parcialmente en un plazo de 4 a 8 semanas, pero la capacidad de exportación seguirá siendo limitada debido a la infraestructura dañada. Los precios del petróleo se estabilizarán en el rango de 90 a 110 dólares, pero el racionamiento de combustible en los países más vulnerables persistirá hasta 2026-2027. La recuperación llevará de 2 a 3 años.

Escenario B (30% de probabilidad): "Caso peor". El conflicto se expande, el estrecho permanece cerrado durante 6 a 12 meses. El déficit alcanza los 13 millones de barriles diarios, según el modelo de Oxford Economics. El racionamiento se vuelve global, la recesión es inevitable y las tarjetas de combustible y alimentos se convierten en una realidad para la mayor parte del mundo.

Escenario C (10% de probabilidad): "Milagro diplomático". Alto el fuego total, levantamiento del bloqueo, inicio de un programa internacional de recuperación. Pero incluso en este caso, el legado de la crisis —instalaciones destruidas, confianza quebrantada, flujos comerciales reorientados— moldeará la energía global durante años.

Conclusión: La advertencia de la Agencia Internacional de la Energía no es un modelo hipotético. Es un diagnóstico de la economía global. El mundo ha entrado en una era de crisis energética permanente, y la energía barata probablemente se haya ido para siempre. Como afirmó Birol, los paralelismos con los años 70 son acertados, y esas crisis condujeron a una década de estanflación, cambios de régimen y una reestructuración radical de la economía global. La cuestión ahora no es si el mundo sobrevivirá a esta crisis, sino a qué costo y con qué consecuencias a largo plazo. Los sistemas de racionamiento que los países han comenzado a introducir son solo el primer signo de una era que se aproxima en la que la energía se convierte no en un producto básico, sino en un recurso estratégico distribuido mediante límites y cuotas.

— Editorial Team

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