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Ataques secretos con drones en Arabia Saudita y los EAU: La guerra oculta

El artículo revela una campaña sistemática de ataques secretos con drones llevados a cabo por Irán y el IRGC contra infraestructura crítica en Arabia Saudita y los EAU. Analiza las razones del ocultamiento de estos ataques por parte de las monarquías del Golfo, incluido el miedo al colapso del mercado de valores y la renuencia a una respuesta militar directa. Se examina el papel del nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Khamenei, y se proporciona un pronóstico del desarrollo del conflicto en medio de las negociaciones internacionales.

Ataques secretos en Arabia Saudita y los EAU: Lo que las monarquías del Golfo están ocultando
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Los Estados del Golfo Árabe ocultan los hechos de los ataques secretos en su territorio

Según fuentes, los ataques con drones silenciados y las explosiones misteriosas no solo han afectado a los EAU, sino también a Arabia Saudita. Los incidentes están vinculados a la creciente influencia de Irán y al ala dura de Mojtaba Khamenei en la región.


La esencia: qué está sucediendo realmente

Los ataques con drones silenciados contra Arabia Saudita y los EAU no son incidentes esporádicos, sino una campaña sistemática que yo llamaría "coerción mediante el silencio". Los proxies iraníes y el propio Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica atacan infraestructuras críticas —instalaciones petroleras, aeropuertos, bases militares— y las monarquías del Golfo, en respuesta, ocultan la magnitud de los daños. La razón de este silencio no es cobardía ni incapacidad técnica para repeler los ataques, sino un cálculo frío: el reconocimiento público de los ataques hundiría los mercados bursátiles, provocaría un éxodo de especialistas extranjeros del sector petrolero y obligaría a Riad y Abu Dabi a una respuesta militar que desesperadamente quieren evitar. Lo que parecen explosiones misteriosas en sitios industriales es en realidad una guerra sombra donde el arma principal no son los drones en sí, sino el miedo a la divulgación.

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Cronología y contexto

La historia de los ataques secretos no comenzó en mayo de 2026, sino mucho antes. Ya a finales de marzo, los militares saudíes registraron más de 105 ataques con drones y misiles en solo una semana —del 25 al 31 de marzo. No es un error tipográfico: más de cien ataques en siete días. Entre los objetivos alcanzados se encontraba el aeropuerto militar de Al Qaisumah, donde se destruyó un radar de alerta temprana AN/FPS-117 de fabricación estadounidense, creando una peligrosa brecha en el sistema de defensa aérea de todo el Golfo Pérsico.

El contexto de estos ataques es una profunda transformación del régimen iraní. Tras la eliminación del Líder Supremo Ali Khamenei el 28 de febrero de 2026, su hijo Mojtaba Khamenei fue elevado al rango de nuevo Líder Supremo. Pero el poder real pasó del clero al CGRI. Como señalan los informantes, Mojtaba, que resultó gravemente herido en el primer bombardeo y no ha aparecido en público desde entonces, es más un "firmante" que legitima las decisiones de los generales que un gobernante independiente. Es esta transferencia de poder a las fuerzas de seguridad intransigentes lo que explica la audacia de los ataques contra los estados del Golfo.

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A principios de mayo de 2026, la campaña de ataques se volvió tan intensa que Riad y Abu Dabi ya no pudieron ignorarla. En respuesta, hicieron algo que nunca antes habían hecho: llevaron a cabo ataques aéreos directos sobre territorio iraní, advirtiendo en secreto a Teherán a través de canales diplomáticos de que, si los ataques no cesaban, seguiría una mayor escalada. Esto funcionó: el número de ataques contra Arabia Saudita disminuyó drásticamente, pero no se detuvo por completo. Además, las fuerzas aéreas saudíes y kuwaitíes atacaron objetivos de las milicias chiíes proiraníes dentro de Irak.

Quién gana y quién pierde

Paradójicamente, el principal beneficiario de la situación actual es Irán, o más precisamente, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. Al lanzar ataques y ver que las monarquías árabes los ocultan por miedo, el CGRI obtiene una doble ventaja. Por un lado, demuestra su eficacia militar a la población iraní y a sus proxies. Por otro, socava sistemáticamente la confianza en los gobiernos del Golfo entre sus propias poblaciones y los inversores extranjeros. Si un estado no puede proteger sus instalaciones petroleras y ni siquiera reconoce un ataque, ¿qué estabilidad puede haber? Esta pregunta es una bomba de tiempo para las economías del Golfo.

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Los perdedores son principalmente Arabia Saudita y los EAU. Cada explosión no pública en una refinería de petróleo o base militar erosiona su reputación como proveedores confiables de energía y refugios seguros para el capital. El costo de reparar la infraestructura dañada se estima en cientos de millones de dólares, pero el daño al clima de inversión es desproporcionadamente mayor. Estados Unidos también pierde: sus aliados ven que el "paraguas de seguridad" estadounidense no previene los ataques, sino que solo ayuda a ocultar sus consecuencias.

China también pierde indirectamente, habiendo invertido fuertemente en la economía saudí y actuado como mediador en la normalización de relaciones entre Riad y Teherán en 2023. Si la "guerra fría" saudí-iraní se vuelve caliente, Pekín corre el riesgo de perder influencia en ambos lados.

Lo que los medios no están contando

La primera y más explosiva revelación se refiere al verdadero papel de Mojtaba Khamenei. Las afirmaciones de que es solo un títere del CGRI no son del todo precisas. Según fuentes familiarizadas con negociaciones secretas mediadas por Pakistán, el propio Mojtaba bloqueó varias iniciativas de paz propuestas por sus propios diplomáticos. El CGRI puede controlar el ejército, pero el joven Khamenei, impulsado por una sed de venganza por el asesinato de su padre, rechaza consistentemente cualquier compromiso. No es una figura pasiva, sino un ideólogo activo de la guerra, cuyo trauma personal se ha convertido en un factor de la política regional.

La segunda trama oculta es el verdadero propósito de los ataques contra los EAU y Arabia Saudita. No es infligir el máximo daño físico, sino una operación psicológica y de recopilación de inteligencia. Los ataques con drones que "misteriosamente" eluden algunos sistemas de defensa aérea y golpean otros permiten a las fuerzas iraníes mapear las vulnerabilidades de la defensa antimisiles del Golfo. Cada ataque es una prueba que revela qué tan rápido reaccionan los Patriots, a qué altitudes son efectivos los interceptores y cuánto tiempo lleva desplegar cazas. Esta información es invaluable en caso de un conflicto a gran escala.

Pronóstico: próximos 30 días y 90 días

En un horizonte de 30 días (hasta el 15 de junio de 2026), es probable que la intensidad de los ataques secretos continúe disminuyendo, no debido a un éxito diplomático, sino porque se ha alcanzado un "umbral de tolerancia" tácito. Arabia Saudita y los EAU han demostrado que están listos para responder con ataques directos contra Irán, e Irán ha demostrado que puede atacar con impunidad y poner a sus adversarios en una posición humillante. Se establecerá un frágil equilibrio de "humillación mutuamente asegurada".

En un horizonte de 90 días (hasta el 15 de agosto de 2026), mucho dependerá del resultado de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán bajo mediación paquistaní. Si Estados Unidos continúa insistiendo en discutir de inmediato el programa nuclear, e Irán exige primero el levantamiento del bloqueo del Estrecho de Ormuz, las conversaciones llegarán a un punto muerto. En ese caso, el CGRI reactivará sus células durmientes y proxies para ataques contra el Golfo, aumentando la presión sobre Washington a través de sus aliados. Sin embargo, si se encuentra un compromiso —por ejemplo, un levantamiento gradual de las sanciones a cambio del cese de los ataques—, la guerra sombra podría entrar en una fase de "congelación" hasta finales de 2026. En cualquier caso, la era en que los estados del Golfo podían fingir que el conflicto no les concernía ha terminado irrevocablemente. Son participantes plenos en esta guerra, aunque oficialmente no estén involucrados.

— Editorial Team

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