Los presidentes de EE. UU. y China se reúnen en medio de la crisis de Irán y disputas comerciales
Una cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping ha comenzado en Pekín. Anteriormente, se celebraron reuniones preparatorias en Seúl, donde los temas principales incluyeron la guerra en Irán y el comercio bilateral.
La esencia: lo que realmente está sucediendo
Formalmente, la cumbre Trump-Xi ha comenzado en Pekín, precedida de reuniones preparatorias en Seúl donde se discutieron la crisis de Irán y las disputas comerciales. Pero la agenda real de esta cumbre no tiene nada que ver con lo que se publica en los comunicados oficiales. Trump no voló a Pekín para negociar una tregua en la guerra comercial; vino a resolver un problema que él mismo creó: la economía estadounidense se asfixia con una inflación del 3,8 %, el IPP se ha disparado al 6,0 %, el petróleo iraní está bloqueado en el estrecho de Ormuz y la Reserva Federal se niega a recortar las tasas. Trump no necesita la paz con China; necesita el apalancamiento chino sobre Teherán, y está dispuesto a pagar por ello con concesiones comerciales que hace seis meses calificó de impensables.
Cronología y contexto
El punto de entrada a esta historia no fue la visita a Pekín en sí, sino la reunión preparatoria en Seúl, donde el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, y el vice primer ministro chino, He Lifeng, mantuvieron conversaciones que un participante estadounidense describió como "las más sinceras en tres años". En estas negociaciones, por primera vez desde 2018, la parte estadounidense no exigió que China redujera su superávit comercial; en cambio, discutieron un mecanismo específico mediante el cual China usaría sus relaciones con Irán y, en parte, con Rusia para desescalar la situación en el estrecho de Ormuz, y EE. UU. suspendería a cambio algunos aranceles a las importaciones chinas.
El contexto es fundamental aquí. Desde el 3 de mayo de 2026, Lloyd's ha paralizado efectivamente el transporte a través del estrecho de Ormuz al declararlo zona de guerra y aumentar las primas de seguro al 12 % del valor del buque. Esto ha afectado no solo a Europa y EE. UU., sino también a China, el mayor importador de petróleo del mundo. Sin embargo, Pekín tiene una palanca de la que carece Washington: China sigue siendo el mayor socio comercial de Irán, y una parte significativa de los pagos por el petróleo iraní fluye a través de bancos chinos. Trump sabe que sin Pekín, Teherán no se sentará a la mesa de negociaciones.
Quién gana y quién pierde
El mayor ganador es China, que obtiene una oportunidad poco común de negociar desde una posición de fuerza. Xi Jinping
— Editorial Team