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Irán amplió su control en el estrecho de Ormuz a 480 km

La Armada del CGRI de Irán anunció la ampliación de la zona de control de combate en el estrecho de Ormuz de 48 a 480 km, creando una nueva realidad para el transporte marítimo. Esta maniobra es una trampa legal y militar destinada a aumentar la presión asimétrica. El artículo analiza las consecuencias para las cadenas de suministro globales, la posición de Estados Unidos y la reacción de las monarquías árabes.

Nueva realidad: Irán expande su esfera de influencia en el estrecho de Ormuz
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Irán expande su zona de control en el estrecho de Ormuz a 480 km

El subcomandante de la Armada del CGRI anunció una expansión significativa de las aguas controladas de 48 a 480 km, aumentando la presencia militar y la presión sobre el transporte marítimo en el estratégico estrecho.


La expansión por parte de Teherán de la zona de control declarada en el estrecho de Ormuz de 48 a 480 km no es una provocación de relaciones públicas, sino un cálculo frío en una guerra donde la ley y la geografía se están reescribiendo unilateralmente. Mientras los medios occidentales discuten retórica beligerante, una nueva realidad ya se ha consolidado en el Golfo Pérsico, una en la que el derecho internacional está perdiendo terreno.

La esencia: qué está sucediendo realmente

Este anuncio es una trampa legal y militar. El subcomandante de la Armada del CGRI, Mohammad Akbarzadeh, declaró que «el estrecho de Ormuz se ha vuelto más grande y se ha convertido en una vasta zona operativa», extendiéndose desde Jask hasta la isla de Sirri y más allá hasta las islas de Qeshm y Gran Tunb. La anchura de esta zona ahora se estima no en 32-48 km, sino en 320-480 km. En otras palabras, Teherán ha reescrito unilateralmente la geografía de uno de los puntos críticos energéticos más importantes del mundo.

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En la práctica, esto significa que cualquier buque de guerra o embarcación comercial dentro de esta zona es, desde la perspectiva del CGRI, considerado como navegando por «aguas de interés» iraníes. Esto crea una base legal para futuros ataques y capturas. Es importante entender: el derecho internacional garantiza el derecho de paso en tránsito a través de dichos estrechos estratégicos, pero Irán actúa como si estas normas ya no le fueran aplicables.

Cronología y contexto

La cuenta atrás de esta crisis comenzó el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una campaña militar contra la infraestructura nuclear de Irán. Irán respondió no solo con ataques con misiles contra Israel, sino también con un ataque asimétrico a la economía global: un bloqueo de facto del estrecho de Ormuz. A principios de marzo, el tráfico de petroleros a través del estrecho casi se había detido por completo, provocando un aumento en los precios del petróleo y una contracción de las cadenas de suministro globales.

El CGRI publicó por primera vez un mapa de la zona de control expandida el 4 de mayo de 2026. Esto ocurrió precisamente cuando el presidente estadounidense Donald Trump se preparaba para partir hacia una cumbre con el presidente chino Xi Jinping en Pekín. El momento no fue casual: Irán quería minimizar el margen de maniobra diplomática de Estados Unidos y China en materia de seguridad energética.

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Para el 7-10 de mayo, tras el fracaso de la Operación «Proyecto Libertad» y una serie de ataques contra instalaciones en los EAU, incluido el puerto de Fuyaira —a través del cual hasta 1,4 millones de barriles de petróleo al día evitan el estrecho—, quedó claro que no se produciría un desbloqueo militar. En este contexto, la declaración de Akbarzadeh sobre la expansión de la zona a 480 km pasó de ser una simple declaración a describir la nueva realidad en el agua.

Quién gana y quién pierde

Irán es el claro ganador táctico. Su estrategia naval, basada en amenazas asimétricas —uso masivo de drones, lanchas rápidas de ataque y minas—, ha demostrado ser efectiva contra la flota estadounidense tecnológicamente superior. Según estimaciones de la plataforma Windward, más de 200 embarcaciones pequeñas se han concentrado en la parte norte del estrecho, mientras que todos los grandes buques comerciales en la zona han sido retirados o están estacionarios. Además, Irán ya ha firmado acuerdos con Irak y Pakistán para transitar petróleo y GNL desde el Golfo Pérsico a través de su territorio, transformándose de un paria en un centro energético regional.

La economía global en su conjunto pierde. El índice de presión de la cadena de suministro del Banco de la Reserva Federal de Nueva York ha aumentado durante tres meses consecutivos, alcanzando en abril un máximo de cuatro años. Según el bróker Ursa Shipbrokers, el volumen de carga seca a granel cargada en el Golfo Pérsico durante la semana del 27 de abril al 3 de mayo fue de solo 47 000 toneladas, frente a un promedio de 2,2 millones de toneladas para los mismos períodos de 2016 a 2025. Esto supone una caída del 98%. En términos monetarios, las pérdidas se estiman en miles de millones de USD.

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China se encuentra en una posición ambigua. Por un lado, Pekín importa alrededor del 12% de su petróleo directamente de Irán, y las interrupciones del suministro afectan a su economía. Por otro lado, Teherán ha dado efectivamente a Pekín influencia sobre Washington: mientras Estados Unidos no pueda desbloquear el estrecho, China puede exigir concesiones en las negociaciones comerciales.

Lo que los medios no están diciendo

La clave no evidente: esta expansión no es tanto una maniobra militar como legal, directamente vinculada a las posiciones de Arabia Saudí y Kuwait. El 5 de mayo, unos días antes del anuncio, Trump se vio obligado a suspender la Operación «Proyecto Libertad» para evacuar barcos del Golfo precisamente porque Riad y Kuwait prohibieron el uso de su espacio aéreo para aeronaves estadounidenses. ¿Por qué? Las monarquías árabes temen que un acuerdo entre Estados Unidos e Irán se haga a su costa, y que tras el levantamiento de las sanciones, Teherán reconstruya rápidamente su poder militar.

Ahora, al expandir su zona a 480 km, Irán legitima el control sobre aguas adyacentes a las costas de los EAU y Omán. Esto es una señal para las monarquías árabes: «Podéis manteneros al margen del conflicto, pero vuestras aguas ya son nuestras». Y lo más importante, ningún estado del Golfo tiene fuerzas navales capaces de desafiar este control sin el apoyo directo de Estados Unidos, que Washington aún no está dispuesto a proporcionar.

El segundo punto que no se menciona: el papel de la interferencia GPS. Según brókeres marítimos, se han observado perturbaciones sistemáticas de las señales AIS y GPS en la zona del estrecho. Irán, presumiblemente utilizando tecnología de interferencia rusa o china, está creando efectivamente una «zona gris» donde la navegación comercial no puede operar, y el seguro de viaje se vuelve imposible o prohibitivamente caro.

Pronóstico: próximos 30 días y 90 días

Próximos 30 días (hasta mediados de junio de 2026). Irán no bloqueará físicamente toda la zona de 480 km —eso es técnicamente imposible—. En su lugar, el CGRI intensificará sus tácticas de «flota de mosquitos» y ataques selectivos contra petroleros. Espere 2-3 incidentes de alto perfil que impliquen la captura de buques que enarbolen banderas de países que apoyaron la operación estadounidense. Esto provocará un nuevo aumento de las primas de seguro y del precio del Brent hasta los 115-120 USD por barril. Estados Unidos, por su parte, intentará realizar un «convoy de exhibición» de 3-5 barcos escoltados por destructores, pero no antes de obtener garantías de Arabia Saudí para el uso del espacio aéreo.

Próximos 90 días (hasta mediados de agosto de 2026). Si la vía diplomática con Estados Unidos llega a un punto muerto, Irán podría pasar a la siguiente fase: anunciar oficialmente la introducción de «tasas de paso seguro» a través de su zona expandida. Esto sería un intento de monetizar el control del estrecho, compensando las pérdidas por las sanciones al petróleo. Para las navieras, esto crea un dilema existencial: pagar un tributo de facto a Teherán o tomar la ruta más larga rodeando África, perdiendo 2-3 millones de USD por viaje. En cualquier caso, el mundo debe acostumbrarse a que el antiguo estrecho de Ormuz —una estrecha arteria de 33 km— ya no existe. En su lugar, ha surgido una vasta «zona de influencia estratégica» iraní que moldeará la seguridad energética global durante años.

— Editorial Team

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