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Estancamiento de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán: amenaza de guerra en Oriente Medio

El artículo analiza el estancamiento de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, que condujo a un bloqueo dual del estrecho de Ormuz y la amenaza de una guerra a gran escala. Examina el papel de Arabia Saudita, el fracaso de la Operación Proyecto Libertad y las consecuencias para la economía global.

Estancamiento de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán: por qué la guerra se ha convertido en una realidad
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Estancamiento en las negociaciones y doble bloqueo amenazan con una guerra total en Oriente Medio

El politólogo Vladimir Shapovalov afirmó que el proceso de negociación entre Estados Unidos e Irán ha llegado a un punto muerto, y la probabilidad de una intensificación de las hostilidades es mayor que nunca. Según el experto, la situación del doble bloqueo del estrecho de Ormuz no puede prolongarse por mucho tiempo.


Este es un artículo analítico escrito desde la perspectiva de un conocedor que sigue los mecanismos no públicos del proceso de negociación y el equilibrio real de poder en la región.


Punto muerto como estrategia: por qué las conversaciones entre EE. UU. e Irán no solo están estancadas, sino que se han convertido en un arma

La esencia: qué está sucediendo realmente

Cuando el politólogo Vladimir Shapovalov afirma que las conversaciones entre EE. UU. e Irán han llegado a un punto muerto y la probabilidad de una intensificación de las hostilidades es mayor que nunca, esto no es un pronóstico, sino la confirmación de un mecanismo ya activado. Sin embargo, la realidad es más matizada y peligrosa de lo que parece en los comentarios de los expertos. El estancamiento no es un resultado accidental de la intransigencia de las partes. Es un producto de una construcción deliberada: ambos bandos utilizan el formato de negociación no para lograr la paz, sino para legitimar sus posiciones militares.

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A primera vista, la dinámica es alentadora. Según fuentes informadas, EE. UU. e Irán están "cerca de firmar un memorando de entendimiento". Axios informa sobre un documento de una página con 14 puntos que están discutiendo el enviado especial Steve Witkoff y la parte iraní, directamente y a través de intermediarios paquistaníes. El documento prevé una moratoria sobre el enriquecimiento de uranio, el levantamiento de algunas sanciones, la liberación de activos iraníes y la eliminación de restricciones al tránsito por el estrecho de Ormuz.

Pero este es precisamente el punto muerto en su forma más sofisticada. El memorando se ha estado discutiendo durante varios días, mientras que el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, declara públicamente que Teherán solo aceptará un "acuerdo integral", y un representante de la comisión de seguridad nacional del parlamento iraní califica la propuesta estadounidense de "lista de deseos" y advierte que Irán "tiene el dedo en el gatillo". Trump, por su parte, escribe que si no se llega a un acuerdo, "los bombardeos se reanudarán con mucha más intensidad".

La esencia de lo que está sucediendo: mientras los diplomáticos intercambian borradores de memorandos, la lógica militar sobre el terreno y en el mar sigue imponiendo condiciones. Y es esta lógica, no los 14 puntos sobre el papel, la que determinará el curso posterior de los acontecimientos.

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Cronología y contexto

Las raíces del actual estancamiento se remontan a finales de febrero de 2026, cuando EE. UU. e Israel lanzaron la Operación Furia Épica contra Irán. La respuesta de Irán fue inmediata y asimétrica: el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) bloqueó el estrecho de Ormuz.

Desde el 1 de marzo, la navegación por el estrecho prácticamente se ha detenido. Antes de la guerra, pasaban unos 120 buques al día; del 1 de marzo al 8 de abril, solo 315 buques en total, una caída del tráfico de más del 93%. Irán no declaró un bloqueo formal, pero logró el mismo efecto mediante amenazas de ataques y un aumento de las primas de seguro.

En mayo, la situación se había cristalizado en lo que los analistas denominan un "doble bloqueo": Irán controla el paso por el estrecho mediante amenazas y permisos selectivos (permitiendo el paso a buques de países "amigos": China, India, Rusia, Pakistán), mientras que EE. UU. declaró un bloqueo naval del propio Irán, interceptando buques vinculados al comercio iraní. El estrecho, como acertadamente señaló The Indian Express, está "abierto en teoría, cerrado en la realidad".

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En esta arquitectura surgió la Operación Proyecto Libertad, anunciada por Trump el 3 de mayo. EE. UU. prometió garantizar el paso seguro de buques comerciales por el estrecho con 15.000 soldados, más de 100 aeronaves y buques de guerra. El resultado del primer día fue sorprendentemente modesto: solo dos buques con bandera estadounidense cruzaron el estrecho el 4 de mayo; al segundo día, ninguno. En comparación, la norma anterior a la guerra era de 130 buques al día.

Luego llegó un episodio clave que casi nadie vinculó directamente con el estancamiento de las negociaciones, aunque la conexión es directa. El 5 de mayo, Trump suspendió repentinamente el Proyecto Libertad. La razón oficial: "progresos significativos en las negociaciones con Irán". La razón no oficial, y mucho más importante, revelada por NBC citando a dos funcionarios estadounidenses: Arabia Saudí prohibió a EE. UU. utilizar sus bases militares y su espacio aéreo para la operación. Riad estaba furioso porque Trump anunció la operación en Truth Social sin consultar previamente a los aliados. La llamada telefónica de Trump con el príncipe heredero Mohamed bin Salmán no resolvió la crisis.

Ahora el panorama está completo. Las conversaciones están estancadas no porque los iraníes o los estadounidenses no quieran negociar. Están estancadas porque un aliado clave de EE. UU. en la región, Arabia Saudí, ha vetado efectivamente la operación militar estadounidense. Sin el espacio aéreo saudí y la Base Aérea Príncipe Sultán, el Proyecto Libertad pierde su sentido operativo. Y sin el Proyecto Libertad, la parte estadounidense en la mesa de negociaciones solo tiene el garrote nuclear: la amenaza de reanudar los bombardeos, pero ninguna herramienta para resolver el problema del estrecho.

Quién gana y quién pierde

Irán es el ganador táctico de la fase actual. Teherán ha logrado convertir el bloqueo del estrecho en un activo negociador que funciona a su favor incluso cuando las conversaciones se estancan. El paso selectivo de buques de "países amigos" sienta un precedente: el estrecho funciona no según el derecho internacional, sino con el permiso del CGRI. Cada día que persiste este modelo, la posición de Irán se fortalece y su capacidad para imponer condiciones crece.

Arabia Saudí es un actor inesperado que ha tomado la iniciativa. La prohibición de utilizar bases y espacio aéreo demuestra que Riad ya no es un aliado automático de Washington en cualquier aventura. Los saudíes apoyan públicamente la mediación paquistaní, lo que indica su interés en una solución diplomática más que militar. La paradoja es que, al debilitar la posición negociadora estadounidense, Riad fortalece objetivamente la iraní, pero aparentemente considera esto un mal menor en comparación con una guerra a gran escala en sus fronteras.

EE. UU. es el mayor perdedor. La administración Trump ha caído en una trampa de su propia creación. El Proyecto Libertad se lanzó sin coordinación con los aliados regionales, fracasó operativamente (dos buques en un día) y se suspendió con una explicación humillante. La posición negociadora de Washington se ha debilitado: Irán ve que la opción militar estadounidense en el estrecho no funciona y que los aliados no son fiables. La carta nuclear, la amenaza de bombardeos, sigue siendo válida, pero no resuelve el problema del transporte marítimo.

La economía global y la industria naviera soportan costes enormes. Las primas de seguro contra riesgos de guerra se han disparado del 0,2-0,25% del valor del buque al 7,5-10% en cotizaciones extremas. Para un petrolero valorado en 138 millones de dólares, una prima única puede alcanzar ahora los 14 millones, en comparación con los 345.000 dólares en tiempos normales. Las tarifas diarias de fletamento de petroleros han pasado de 50.000 a 420.000 dólares. Como señala Lloyd's List, el estrecho está "comercialmente muerto incluso antes de ser declarado militarmente bloqueado".

China y otros países amigos de Irán son ganadores. Sus buques cruzan el estrecho por donde los operadores occidentales no se atreven a ir. Esto crea un sistema de dos niveles en el comercio marítimo, donde el acceso a un punto clave de control energético está determinado por la lealtad política a Teherán.

Lo que los medios no están diciendo

Primera omisión: la maniobra saudí no es espontaneidad, sino una señal. La prohibición del uso de bases no fue una reacción emocional a la grosería de Trump. Es una señal cuidadosamente calibrada de Riad de que el reino ya no acepta ser prescindible en las operaciones militares estadounidenses contra Irán. Arabia Saudí limita con Irán a través del golfo Pérsico, y en caso de escalada, sus infraestructuras petroleras, las instalaciones de Ras Tanura y el campo de Ghawar, serían el objetivo principal de los misiles iraníes. Los saudíes acaban de dejar claro a Washington que sus intereses nacionales no son idénticos a los estadounidenses, y esto cambia toda la arquitectura de seguridad en el Golfo.

Segunda omisión: el memorando de 14 puntos no es tanto un documento como una táctica dilatoria. Según los datos disponibles, no se han alcanzado acuerdos finales sobre ningún punto sustancial. Una fuente paquistaní dice: "Estamos cerca, cerraremos el acuerdo pronto", pero esta fórmula se ha repetido durante varios días sin avances. El memorando prevé un período de 30 días de nuevas negociaciones, durante el cual el bloqueo del estrecho se aliviará gradualmente. Esto significa que Irán mantendrá su influencia durante al menos un mes después de la firma del memorando, y aún se desconoce si se firmará o no. Las partes están negociando sobre el proceso, no sobre el resultado.

Tercera omisión: los precios del combustible en EE. UU., un factor que se minimiza. El 6 de mayo, el precio medio minorista de la gasolina en EE. UU. alcanzó los 4,54 dólares por galón. Se acerca el inicio de la temporada de conducción estival después del Día de los Caídos, y los analistas advierten de que, si continúa el bloqueo del estrecho, los precios podrían alcanzar los 5 dólares por galón. Trump, en una reunión virtual con republicanos de Georgia, declaró que "las dificultades para los estadounidenses serán a corto plazo", pero esta afirmación difícilmente resistirá la realidad con las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2026 a la vista. Los medios aún no han vinculado directamente el estancamiento de las negociaciones con los precios de la gasolina, pero los votantes sí lo harán.

Pronóstico: los próximos 30 días y 90 días

30 días (hasta principios de junio de 2026)

En las próximas semanas, el proceso de negociación simulará movimiento. Es probable que el memorando se firme de alguna forma: ambas partes han invertido demasiado capital político como para permitir un fracaso total en este momento. Sin embargo, será un documento marco que registre intenciones, no que resuelva contradicciones.

El factor saudí seguirá desempeñando un papel clave. Si Riad no restablece el acceso de EE. UU. a sus bases, cualquier nueva ronda de escalada en el estrecho dejará a Washington sin una respuesta militar adecuada. Esto significa que la posición negociadora estadounidense seguirá debilitada y la iraní, fortalecida.

El estrecho permanecerá semicerrado. Las primas de seguro no volverán a los niveles anteriores a la guerra incluso si se firma el memorando. Las navieras, como han declarado Maersk y Hapag-Lloyd, no regresarán al estrecho hasta que vean un "acuerdo de paz verificado en la práctica". Un memorando de intenciones no es ese acuerdo.

90 días (hasta finales de julio-principios de agosto de 2026)

Para finales del verano, los contornos de un nuevo equilibrio se harán evidentes. El escenario más probable es la institucionalización del control iraní sobre el estrecho mediante acuerdos bilaterales con consumidores asiáticos. China, India y posiblemente Japón concluirán acuerdos con Teherán para el paso garantizado de sus petroleros, reconociendo efectivamente la soberanía iraní sobre el estrecho.

Para EE. UU., esto será una derrota estratégica que no podrá camuflarse con retórica sobre "progresos en las negociaciones". La administración Trump intentará compensar la pérdida de imagen endureciendo las sanciones y posiblemente con una nueva fase de la campaña aérea, pero sin la capacidad de controlar el punto de control marítimo, estas medidas serán en gran medida simbólicas.

Las conversaciones, ahora descritas como "estancadas", en realidad solo están al comienzo de un largo camino. El verdadero punto muerto llegará no ahora, sino dentro de 90 días, cuando quede claro que el memorando no funciona, el doble bloqueo se ha convertido en la nueva normalidad y nunca se producirá un retorno al modelo anterior a la guerra de libre navegación. Entonces surgirá la pregunta que todas las partes evitan cuidadosamente hoy: ¿está la economía global preparada para un mundo en el que un punto clave de control energético no está controlado por el derecho internacional, sino por un beneficiario de la Guardia Revolucionaria de Irán?

La respuesta a esta pregunta tendrá un precio medido no en barriles o dólares por galón, sino en una reestructuración fundamental de toda la arquitectura del comercio global. Y esta es una conversación para la que hoy no están preparados ni Washington, ni Bruselas, ni Riad.

— Editorial Team

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